Apr 082013
 
Antonio Mateos Muñoz y Rita Martorell

Antonio Mateos Muñoz y Rita Martorell

Por Rita Martorell

 

La poesía de Antonio Mateos Muñoz demuestra que las musas existen y que además existen en un espacio inaccesible al común de los mortales. No es el autor quien evoca aquellos ojos verdes, como expresa uno de sus poemas, o la resurrección de la tierra, sino que es la voz de la poesía quien, utilizando al poeta, llega a expresarse, a hacerse oír. El aire que emana sus poemas guarda estricta relación con la voz tradicionalmente poética: nostalgia por un pasado que, una vez consumado, no volverá a experimentarse por igual; nostalgia por la magia que se esfuma mientras los ojos de la lucidez se abren cada vez más.

 

El lamento por una vida que discurre incierta hacia ningún objetivo, con el claro presentimiento de algo que se acabará indefinidamente, es también uno de los motores poéticos de Antonio Mateos y leo a continuación el poema Cuando yo me haya ido:

 

Cuando yo me haya ido         Déjame ser la brisa                 Cuando yo me haya ido

no me envíes versos               que recorre tu pelo                 pregúntale al viento

ni flores ni homenajes              el agua que empapa                y te dirá que   estoy

ni lirios ni coronas.                 el musgo de tu cuerpo                        por siempre ya contigo

 

 

Esta voz encarna realmente el llanto de los propios cuerpos materiales, que, transformándose, dejan atrás solo viento, musgo, o una horma en la arena que el tiempo, gran amante de todos, se encargará de borrar para siempre.

 

Pero no es nihilista Antonio Muñoz sino que más bien su talante está en la reconciliación que consigue asimilar y hacer parte de su propio cuerpo: todos somos rostros de arena en la inmensidad del tiempo, apenas destellos, tan fugaces que ni siquiera se podrá decir que hayan existido.

 

Cuando yo me haya ido, cuando tú te hayas ido, cuando nosotros nos hayamos ido, el viento seguirá contando una historia sin principio y sin final, sin argumentos, sin razones, sin parcialidad, lo hará simplemente, para que el devenir siga fluyendo como ley incontrolable.

 

La poesía de Antonio Mateos Muñoz es ya el presentimiento del viento que soplará cada uno de los nombres de los que han pasado por aquí, justificando sin juzgar todo lo que ha pasado y que ya nunca más podrá decirse.