Mar 042010
 

 

Hace años que Siegfried Stiller, rompedor y beligerante pintor alemán reconocido en Europa, logró que su nombre se identificara inconfundiblemente con la rebeldía benigna por un mundo con menos desigualdades. Fiel a su estilo, a su técnica pictórica peculiar, Siegfried Stiller, presentó en Espacio Niram de Madrid  la exposición Kunst ist frei. Nos  revela su deseo más íntimo acerca de su obra: “esperanza, quiero transmitir esperanza”. Stiller invita al observador a tomar posición en contra de las discriminaciones, la pobreza, las injusticias.

 

 

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F.B. Siegfried Stiller no pinta según las normas del manual sino que pinta su vida y sus experiencias.

Stiller: Como estudiante andaba con mi mochila y con las cosas de pintar, con las pinturas y los pinceles y decía: “yo soy un Mahler”. No Mahler el músico (ríe), sino el pintor. Para mi fue muy claro de pequeño que quería estudiar y aprender a ser pintor. Ser pintor es también renunciar a lo aprendido.

F.B. ¿Cómo llegó en un momento determinado, a pintar su vida?

Stiller: Después de los estudios de pintura (bellas artes) me fue muy claro que quería decir algo a los hombres. Y en el principio, los primeros 15-20 años fui muy influenciado por la política. En el Berlín de esos años ese era el aire que se respiraba entre los jóvenes: el de la oposición a la política que llevó a Alemania a la separación. Mediante la pintura intenté dar a conocer mi opinión a la gente. Las connotaciones eran el rechazo total de la guerra. Las personas tienen que cambiar su modo de vivir (vis-a-vis de la guerra de Yugoslavia). Tienen que tomar conciencia y establecer una posición. Ese era mi pensamiento y aquellas eran las influencias evidentes. Más tarde mi pintura sufrió una transformación y me orienté hacía otros temas. Quería enseñar que lo más importante es el alma.

F.B. De su época política, ¿qué obras reflejan mejor su pensamiento opositor a la guerra de aquel entonces?

Stiller: Las mujeres en negro. Ellas expresan del mejor modo sus sentimientos. Son a la vez mujeres que huyen. Yo había dicho: pinto y no pongo nombre. A través de lo que pinto, el mensaje se hace comprensible. Lo que se ve lo dice todo. Esto fue hasta el año 1994. En la época de los años ‘60, en el ’68 la joven generación cambió muchísimo y se distanció enormemente del pensamiento (nazi) de los padres. Nuestras ideas como estudiantes eran: no nos interesan el pasado ni las enseñanzas de los profesores. Abandonamos el pasado. En el arte las influencias fueron enormes. Compartimos la política de Willy Brandt por la cual el hombre es libre. Libertad, sin opresiones políticas, religiosas, de género o de cualquier otro tipo. Ya no respetamos las convenciones. Mi vida ha sido espectacular.

F.B. ¿Pinta desde el principio utilizando sus características técnicas: café, vino, sangre?

Stiller: Si, también lo intenté con hierba, té, cebolla, tampones usados, arcilla. Tres elementos persistieron a lo largo de mi evolución: el café, el vino rojo (no agrieta la tela) y la sangre (es el color más bonito).

F.B. ¿La sangre siempre tiene el mismo color?

Stiller: Siempre tiene otro color. Cambia de un día para otro. Una parte de los temas abordados son la sexualidad y las mujeres. Mujeres poderosas. Independientes. Exitosas en los negocios. Tomo a la mujer, la pego a la pared y le dibujo el contorno con el pincel. Doy my cuerpo y mi sangre por mis obras. Ellas tienen una personalidad dominante, de ganadores.

F.B. En sus principios ¿a quién apreciaba y a quién repudiaba?

Stiller: Entonces no tenía criterio. Pensaba que todos eran buenos, todos los que exponían. Un poco más tarde, diez años después ya no me fijaba en nadie, para definir mi estilo. Para mi no hay malos pintores. Cada uno tiene su personalidad, que se refleja en los cuadros, los pintores no compiten entre ellos. Me gusta Picasso, pero no tengo preferidos.

F.B. Sus obras abarcan muchas referencias a la religión, a las creencias. ¿Qué piensa de la religión y sus mitos? ¿Quién es Dios?

Stiller: Soy un absoluto ateo. El pintor es Dios. Mis obras son mi religión. Los principios generales de las religiones, los válidos para todo el mundo, los comparto y además me manifiesto. Dios es una creación de los hombres, no al revés. Occidente reconstituye la temática de las antiguas religiones de Mesopotamia, de Egipto. En mi pintura pueden observarse elementos de esta proveniencia. El judaísmo, el cristianismo y el islam – monoteísmos – son buenos en la medida en la que predican esos principios que antes recordaba. Todas las religiones son la misma cosa, solo se desprecian mutuamente. En mi opinión cada religión promete libertad y salvación a su restringido grupo de clientes. Por eso hay conflictos entre las confesiones. Nosotros vivimos en el tercer milenio y tenemos una visión más amplia, comprendemos que las doctrinas ya no son tan necesarias.

Observando sus obras no contemplo la felicidad pintada, es más, me invade un sentimiento desgarrador.   Veo luchas, dolor…

Stiller: Estoy pensando que todavía no admitimos que la mujer y el hombre son iguales. Cada uno puede ser visto y entendido del mismo modo. No es posible que en África tanta gente muera de hambre mientras América y Europa están creando distancias infranqueables con el mundo pobre. Tenemos que vivir en el buen entendimiento, no como en el comunismo, uniformes, sino libres, cada uno según sus deseos, sus preferencias. A causa del hecho que no puedo cambiar nada, tomé posición en la tela. Yo expreso mi descontento acerca del sufrimiento y la desigualdad en el mundo. Creo que aparte de esta tristeza que manifiestan mis cuadros, también se puede observar la esperanza. Me gusta creer que me interpretan a partir de una doble visión: tristeza y desarraigo, pero definitivamente esperanza, desánimo y dolor, pero anhelo por la posibilidad real de una mejora. Y si no he conseguido transmitir esto, significa que me queda trabajo por hacer. Porque eso es lo que quiero decir, que hay esperanza.

F.B. Al empezar una nueva obra ¿tiene muy clara la idea o el cuadro “se está creando” en el tiempo?

Stiller: Me quedo durante horas delante de la tela en blanco, delante de un cuadro que se me descubre. Medito acerca de la temática. Tengo el esquema en la mente, en un noventa por ciento. Puedo pintar cinco cuadros simultáneamente y se exactamente que estoy haciendo en cada uno de ellos.

F.B. Lo digo porque algunos artistas hablan de una revelación del cuadro, que se manifiesta poco a poco. Algunos parten de un punto, una línea…

Stiller: No, yo tengo la visión. Desde hace dos años, cuando volví con fuerza, he cambiado mi método de trabajo. Antes no sabía cómo sería la obra final. Y ahora estoy sorprendido de que puedo hacerlo. Es sorprendente incluso para mí, estar así, mirando la tela y conseguir pintarlo con la mente…

F.B. ¿Cuáles son ahora sus proyectos? ¿Cuál será el siguiente destino para exponer?

Stiller: Ahora trabajo por módulos. Dos a la vez. Quiero traer algo nuevo. Estoy pensando en cómo transformar las interacciones entre pueblos y transponerlos en cuadros. Algo así espero exponer en Paris y Pekín, el año siguiente. Pero no me preocupo demasiado por el futuro. Yo sólo quiero pintar.