Jan 052012
 

por Diego Vadillo López

Héctor Martínez Sanz siempre fue muy dado a ingresar en universos de fantasía, y eso pese a ser un tipo con los pies bien asentados sobre la corteza terrestre.

Bregado en los universos extemporáneos de «Alicia en el país de las maravillas» y de «La historia interminable», un día en que paseaba por el bosque animado de las bellas artes, fue asaltado, y esta vez no por el bandido Fendetestas, sino por un peculiar sujeto de perilla en semicircunferencia, el cual le sustrajo toda la emoción, viéndose desde entonces anegado en un sugerente cosmos. Por la órbita de su cráneo, día sí, día también, giraban flores brotadas de huevos tras romper el cascarón, plumados ojazos de pico corvo y ceño fruncido, liras con la pedicura magistralmente ejecutada, chelos luciendo senos de gran firmeza, pájaros con alas metacarpianas, y así…