Oct 042014
 
La historia de Asia Moderna, Sorin Mitu, Niram Art Editorial

La historia de Asia Moderna, Sorin Mitu, Niram Art Editorial

El libro La historia de Asia Moderna de Sorin Mitu (Niram Art Editorial, 2014) presenta en una manera clara y concisa la historia de Asia, desde los grandes descubrimientos geográficos hasta la primera guerra mundial, es decir, el periodo de tiempo entre los años 1498, cuando el navegador portugués Vasco da Gama descubrió el camino marítimo entre Europa e India y1918, fecha del fin de la primera guerra mundial.

En primer lugar, Sorin Mitu define los términos usados para las diferentes partes del continente asiático y explica el debate en torno a la validez de tal terminología. El autor subraya la importancia de guiarnos por una asociación de factores (geográficos, culturales, etnolingüísticas, religiosos, políticos) para determinar la mejor terminología y de dejar atrás una concepción más política, o mejor dicho politizada, de las fronteras de este espacio. Las fronteras cambian constantemente, muchas veces, la política quiere apropiarse de un pasado histórico para hacer la propaganda, un pasado histórico, que no siempre corresponde a las delimitaciones de hoy en día. En cambio, “los continentes, las grandes unidades geográficas, los grandes conjuntos humanos, las civilizaciones, las religiones – parecen ser tópicos mayores y más estables, susceptibles, por lo tanto, de entrar en la atención del historiador interesado”. El autor plantea el siguiente tema de debate justo en la introducción, algo necesario para la futura comprensión de los eventos retratados en el libro: “¿Seguiremos la historia de los estados, y de los pueblos, de las regiones, de las civilizaciones? La compartimentación de la materia por “países”, siguiendo el mapa político actual, corresponde a una venerable tradición histórica, pero presenta muchas desventajas. Los estados de hoy no existieron desde siempre, aunque ellos insistan en atribuirse una herencia gloriosa, confiscando, para su propia legitimación, un pasado que no les pertenece totalmente, y que es ajeno a los proyectos políticos actuales, a las solidaridades nacionales y estatales modernas. También en el caso de Europa, la historia fue dividida tradicionalmente en “países”, elaborándose las llamadas “historias nacionales”, sin que los historiadores que la hicieron se preguntasen demasiado si la “historia de Francia” o la “historia de Austria” de hoy, podían incorporar, en manera legitima y exclusiva, el pasado de Bretaña, Provenza, o del Imperio Habsburgo.”

La opción del autor está en la línea de un tratamiento más extenso, menos político, teniendo en vista la noción más general de espacio geográfico, cultural, religioso. “Lo que cuenta, sin embargo, son las interacciones complejas entre la geografía, la economía, la cultura, la historia, factores que contribuyen juntos a la reconfiguración permanente en tiempo y espacio, de las entidades estudiadas”. Por esta razón, un capítulo especial está dedicado sólo a la religión de los países del Las religiones del Extremo Oriente (Asia del Sur y Oriental). Sin embargo, todos los capítulos contienen explicaciones claras sobre las creencias religiosas existentes en las regiones analizadas, su impacto, su desarrollo y sus consecuencias en la estructura étnica y política de esos países. Un primer rasgo a recordar es la inmensa diversidad religiosa de Asia, con matices que pueden resultar incompresibles para los europeos, como es el caso de los algunos pueblos que adhieren simultáneamente a tres religiones, sin que esto constituya un conflicto: “La mayoría de los chinos adhiere a todas las tres creencias, mezclando en una medida mayor o menor elementos de dogma religiosa, de ritual o de devoción espiritual de varias religiones. Algunos analistas occidentales, sorprendidos por esta movilidad religiosa, llegaron a afirmar que en la civilización china no existe una religión verdadera, en las condiciones en las que el budismo es un producto de importación indio, el daoismo tiene un carácter   más mágico que religioso y el confucianismo es una filosofía.”. Entender la religión y su papel en estas sociedades es crucial especialmente cuando se trata del islam y de los pueblos musulmanes. El capítulo sobre La herencia histórica de los espacios entre los ríos Tigris y Ganges empieza con la explicación: “Conforme a la historia sagrada de Islam, el año 622, cuando tuvo lugar la Hegira (la huida del profeta Mahoma de Meca a Medina) representa el momento del comienzo de la era musulmana. Esta fecha marca también un punto decisivo en la historia de la humanidad, por las consecuencias importantes que tuvieron la conquista árabe y la expansión de la religión islámica, para una gran parte de la superficie habitada del planeta.” El autor explica las diferencias entre las diferentes ramas del Islam y advierte sobre el error que hacen los europeos al considerar todos los pueblos islámicos como un bloque unitario: “En realidad, el mundo islámico es extremadamente diverso, en plan étnico, social-económico o incluso religioso, conociendo divisiones semejantes a las que compartieron los europeos a lo largo de la historia. Aunque todos los musulmanes siguen las enseñanzas del Corán (tal como los cristianos basan su religión en la Biblia), el Islam está dividido en una serie de grupos concurrentes. La principal división es la que divide a los musulmanes en tres ramas: sunitas, chiitas y kharijites (los últimos siendo pocos y menos conocidos).(…) Los chiitas (su nombre viene de shi’a, que significa parte), representan una minoría en el mundo musulmán. A partir de 1501, la corriente chiita se convirtió en la religión oficial y mayoritaria en Persia (el Irán de hoy). También son mayoritarios en Azerbaiyán, región situada en el norte de Irán y que formó parte del Imperio Persa. Pueden también ser encontrados, como minorías en Irak, Siria, Afganistán y Asia Central.”

Desde el punto de vista del lector contemporáneo, el libro ofrece algunas explicaciones muy necesitadas sobre el pasado de un país como Afganistán, un país que está hoy en la atención de todo el mundo.  El autor advierte: “De ninguna manera hay que dejarnos engañados por las mitologías nacionalistas de la continuidad étnica y estatal, que identificarían los orígenes del estado afgano de hoy en su predestinación geográfica o etnolingüística. Como por todo el mundo, la casualidad histórica fue la que mezcló los diferentes elementos entrados en la composición del Afganistán contemporáneo y no existió ningún plan pre-establecido de la historia o de la geografía, que llevara necesariamente a la aparición de la nación y del estado de hoy. El vinculo estrecho entre etnia, nacionalidad y poder estatal, que es la base de los estados nacionales contemporáneos sólo nacerá al comienzo de la época moderna.”

También muy actual es el capítulo sobre la historia fascinante de la antigua Persia, el Irán de hoy, desde el esplendor del antiguo Imperio hasta su decadencia posterior.

Los problemas actuales en Rusia, que están generando un clima de tensiones en toda Europa, se pueden entender mejor a través de un conocimiento de su historia. El autor afirma claramente: “La expansión constante de Rusia, indiferente de la zona respectiva (Siberia, Asia Central, el Extremo Oriente, Alaska, Polonia, la región balcánica o caucásea) representó un factor de permanencia en la historia de este país. La identidad política de Rusia tenía como base la idea de imperio y la tradición de una extensión continua alrededor de su núcleo inicial”.

También de interés actual es la historia de Japón, el proceso que llevó a la construcción de este estado occidentalizado          que todos conocemos ahora, sin que podamos entender muy bien el porqué de esta modernización, “la imagen paradójica de un país que es a la vez muy moderno y muy tradicional.”

El libro trata, en orden, de los siguientes temas:

La herencia histórica de los espacios entre los ríos Tigris y Ganges

(Persia, Asia Central, Norte de India)

Persia y Afganistán en los siglos XVI-XIX

La expansión rusa en el Cáucaso, Asia Central, Siberia y el Extremo Oriente

Las religiones del Extremo Oriente (Asia del Sur y Oriental)

La India en los siglos XVI-XIX

China: desde el final de la dinastía Ming hasta la primera guerra mundial.

Los países de Himalaya: Tíbet, Nepal, Bután

Japón y Corea en los siglos XVI-XIX

El Sudeste Asiático en los siglos XVI-XI

Desde la descubierta de Vasco da Gama y hasta los días de hoy, Asia sigue encantando y fascinando a los europeos, que muy a menudo se dejan conquistados por sus encantos, tan diferentes a los nuestros. El yoga, el budismo, las tradiciones e incluso su gastronomía son sólo algunos puntos de interés creciente en las sociedades europeas y norteamericanas. El “oriente” desconocido, que nos embriaga con sus perfumes y sus colores. Sorin Mitu reconoce esta acción de imán que ejerce Asia sobre nosotros: El beneficio y la fantasía fueron los dos motivos irresistibles que empujaron a los europeos en busca de las maravillas de Asia, comenzando con Marco Polo y terminando con Cristóbal Colón. Asia no sólo fue un mercado lucrativo y una fuente de materias primas, sino también un territorio de misión para los monjes devotos, un objeto de las reformas y modernización para los funcionarios coloniales, un tema fascinante para los escritores de ficciones exóticas, desde Giacomo Puccini a James Clavel.

El autor explica, sin embargo, advirtiendo sobre los errores hechos por los europeos en sus intentos de conocer a Asia: La geografía moderna adoptó el término “Oriente”, nombre conveniente y corto (en realidad, un nombre genérico para el Otro), amontonando detrás de esta etiqueta todo lo que salía del marco autodefinido de la civilización occidental. El “Oriente” puede comenzar en las fronteras de la Europa Occidental, es decir, en Europa del Este, que es la primera manifestación del “Oriente” o, en el mejor de los casos, una zona de transición entre el “barbarismo asiático” y la “civilización europea”. En las palabras del canciller Metternich, “Asia comienza en la Landstrasse”, es decir, en las afueras del este de Viena. Hoy en día,   términos como “Oriente” y “oriental” ya no son apreciados en las universidades de los Estados Unidos, considerándose que los nombres en cuestión no son más que etiquetas despectivas y simplistas para los asiáticos o musulmanes, que condensan los prejuicios occidentales acerca de esas sociedades. En cambio, en Europa – en Francia o Rumania, por ejemplo – la larga tradición de la utilización de estos términos hace que estén todavía en uso.”

Después del análisis de sus pueblos integrantes, desde el punto de vista histórico, pero también religioso, cultural, social, etnolingüístico, el autor deja en aire una pregunta, como un tema de debate y como una invitación a un estudio más profundo, de cada lector, sobre la fascinante cultura asiática: Sin embargo, volviendo la mirada hacia el pasado y desenrollando otra vez el cuento moralizador de las relaciones desiguales entre el Occidente y el Oriente, podríamos pensar que la historia moderna de Asia, que he intentado retratar en este libro, es sólo una proyección subjetiva de los europeos. Queda por encontrar Asia auténtica, cuya identidad se afirma hoy con fuerza, descubrir cómo es ella realmente. Pero, ¿podemos hacerlo de otra manera a no ser que filtrándola a través de nuestra propia conciencia?