Nov 282013
 

Dámaso López GarcíaPrólogo del libro El nenúfar de las ninfas de Jairo Compostela, Niram Art Editorial

Dámaso López García, Decano de la Facultad de Filología, Universidad Complutense de Madrid

 

El libro de Jairo Compostela  El nenúfar de las ninfas  trae al ánimo del lector un número de experiencias que hace cuentas con la exaltación de los sentidos; acaso entre las páginas del libro tengan estos mayor protagonismo que los propios sentimientos. Los sentimientos y las emociones, cierto es, se hallan bajo sospecha en el mundo contemporáneo, siempre aparecen con su contravuelta irónica. La firmeza de las convicciones y la fe en las posibilidades de su expresión artística son titubeantes en un mundo en el que todo lo que es sólido se desvanece en el aire y en un mundo en el que la moralidad pública y privada son más o menos líquidas. ¿Adónde acudir para hallar certidumbres?

 El nenúfar de las ninfas de Jairo Compostela

El nenúfar de las ninfas de Jairo Compostela

No puede faltar en un libro de poesía escrito en estos tiempos una reflexión que se muestre en la mirada irónica con la que se contemplan las posibilidades de supervivencia de las formas tradicionales de la escritura: «Hoy que TE QUIERO se escribe TK». Hay una economía de la expresión de las emociones que se somete a la prueba del tiempo y hay también una reflexión que oscila entre el interés narcisista por uno mismo y el interés por las condiciones mudadas de la experiencia humana de la pasión. Esa oscilación describe un arco sobre el fondo en el que se alza la sospecha de que los sentimientos humanos están de más en un mundo modificado por los propios seres humanos.

Hoy que TE QUIERO se escribe TK

Hoy que hay lista de espera en los gimnasios

Hoy que la pasión se estudia en libros de Historia

Hoy que leer a Bécquer es motivo de burla

 

Hoy, escribir poesía es una labor que busca, entre otras cosas, instaurar formas de atención al pasado sin desatender, de forma crítica, a las necesidades o novedades del presente. Al menos, eso puede comprobar el lector en El nenúfar de las ninfas. Desde un presente que ha perdido la fe, se busca reanudar una relación con un pasado que acaso tenía demasiada fe. Desde el Romanticismo, no hay poesía que no reflexione sobre sus propios límites, los límites de lo poético, que no vaya contra su interés al confesar que «una oda solo es buena / de un billete del Banco al dorso escrita». La poesía se manifiesta en buena medida desde entonces como metapoesía. Pero Jairo Compostela sabe que en poesía el diálogo con el pasado es inexcusable, sea para admirarlo, sea para negarlo, sea para corregirlo:

El amor no lo es todo

dijo Dafne a Apolo.

Pero es mucho

dijo Apolo a un árbol.

 

La estremecedora transformación de Dafne en laurel, tal y como la cuenta Garcilaso, por ejemplo, se canjea en este poema por una desencantada y acaso frívola constatación de una decepción, de una nueva forma de enfrentarse con la incomunicación, de la dislocación de los interlocutores. ¿Será acaso esta musa la musa posmoderna? No se asustarán los viejos retóricos, en los tiempos posmodernos, pues a ellos les encantará encontrarse con el mito de Apolo y Dafne navegando sobre las nuevas aguas que traen los tiempos. Hay humor, bien se ve, en esta suerte de truncado diálogo amebeo del poema y lo hay en muchas páginas del libro El nenúfar de las ninfas. Hay un humor análogo al que preside poemas como el anteriormente citado. Es un humor poco entusiasmado con la difícil tarea de creer en los grandes relatos, en el del amor, por ejemplo; es un humor decepcionado ante la necesidad de creer en ellos, en los grandes relatos, en el «metarrelato legitimador», y es un humor, en fin, entregado a la tarea de expresar con un escepticismo de terciopelo la dialéctica de aquella dificultad.

Sin embargo, esta dialéctica se inclina con resignada ironía por la defensa de lo auténtico, de la autenticidad. La chica de plástico es un poema que pretende expresar la posibilidad de la autenticidad a través del relato del observador imparcial que bruscamente se convierte en el sujeto.

 

Peluca de color rosa brillante,

pestañas postizas, lentillas azules,

pendientes, piercings, silicona.

Anillos, esclavas, brazaletes,

tacones altos, medias amarillas,

uñas fosforescentes que perturban.

¡Eres falsa, ficticia, artificial!

Y, naturalmente, te amo.

 

Naturalmente, el lector compartirá la celebración de la conclusión. Pero no es solo la autenticidad, la sinceridad, un asunto perenne y perennemente renovado en el archivo de la poesía, Jairo Compostela sabe alzar el vuelo sobre los inconvenientes de la realidad y sabe dar expresión a la elusiva naturaleza de lo auténtico:

 

Despójate de tus raíces,

desnúdate de tu folclore,

desvístete de tus prejuicios,

¡Despréndete de tu envoltorio!

Esa realidad que no se deja ver, que se esconde en la tradición, que se abriga con la cultura popular, que se eriza de prejuicios, que se arropa con envoltorios que la desfiguran, sin embargo, se muestra en la aspiración a una intensidad lírica que se anuncia en el azúcar del caramelo y en la música:

 

¡Caramelo de Marruecos,

humedece mi lengua errante

con el sabor a melodía

de tus labios de luciérnaga!

 

El libro de Jairo Compostela, El nenúfar de las ninfas, pide a sus lectores que sepan acomodar sus reacciones a los diferentes registros en los que se encarna su experiencia poética. Eso lo hacen todos los libros de poesía, exclamará el lector, sí, pero cada libro lo hace a su manera diferente. Distingue aquella petición del libro de Jairo Compostela el hecho de que sabe aunar recursos formales que echan mano de la paronomasia tanto como de la aliteración, por ejemplo, o de cuidadosas sinestesias o de diferentes recursos métricos o de un irónico antiintelectualismo que subraya lo intelectual, para celebrar una exaltación de los sentidos, de la sensualidad, que se halla siempre vigilada por una actitud crítica o escéptica o propensa a denunciar lo que socava los fundamentos que rigen las relaciones entre las personas, especialmente, las relaciones con las ninfas.

 

D. L. G.

Decano de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid