Apr 082013
 

 “Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo”. Julio Cortázar

MIEDHO

MIEDHO

por Oscar Cusano

Escritor y crítico

Artículo publicado en El periódico 4uPress – 07 Marzo 2013

El hombre tiende siempre a la quietud, al equilibrio del sosiego, es decir que la percepción de la armonía es entendida como una  serena inmovilidad.

Para ciertas mentes, esa dilación, esa representación interna de la permanencia explica todas sus finalidades existenciales, y la sola posibilidad de experimentar pequeños cambios le sobresalta a una dimensión del  miedo absoluto. Por eso mismo vivimos rechazando lo desconocido, y la madurez es traducida en el inconciente colectivo, en algo así como la paz del cementerio mental, enmascarado por la inactividad.

El problema es que la vida “es cosa viviente”, interactiva, modificable, cuyas necesidades fortuitas o provocadas son el resultado de profundas alteraciones constantes de la realidad,  habitan dentro nuestro solapadas en los instintos primero, pero más recóndito aún en las pulsiones que guían nuestro comportamiento más esencial y básico.

Oscar Cusano y MIEDHO

Oscar Cusano y MIEDHO

No busques la palabra “pulsión” en el diccionario porque no figura, (del francés pulsion, y ésta del latín pulsio y pulsun, y éstos del verbo  pulsàre, pujar, impeler),  sólo es utilizada por la psiquiatría, “la gente normal no usa esos términos”, vaya impugnación académica que intenta no comprender que las pulsiones motivan el comportamiento humano.

Los miedos son ese enfrentamiento entre la veracidad aparente y el ocultismo de una poderosa incertidumbre no tomada en cuenta, negada mil veces, desmentida hasta el cansancio o resistida hasta el límite de la razón suficiente.

No nos interesa la verdad como tal, podría poner en peligro nuestra aparente entidad cultural, la  que nos otorga un o él significado.

La pregunta es: ¿es temor o pura holgazanería?

La respuesta que prefiero es fruto de mi observación, somos un puñado de farsantes compulsivos y ningún aprendizaje bastaría para derrotar la inhabilidad por conocer esa certeza.

Lo siento, pido disculpas por no engañar.

Cuando leí el trabajo sobre el artista plástico MIEDHO, Mind Industrial of Echo and Disorder Hate and Obsesive, de los escritores Héctor Martinez Sanz y Diego Vadillo López, y el fotógrafo Bogdan Ater, de la Editorial Niram Art,  pude profundizar en la semántica de su apasionada obra.

El libro comienza con una pregunta que al menos a mí me resultó intrigante: ¿Cuántas historias son necesarias para formar un niño?, lo digo porque advertí que detrás de una atractiva sacudida visual colmada de negro infausto y rojos fulminantes, detrás de un marcado efecto gótico, a la zaga de sus ojos lúcidos, de inmediato comprendí el otro lado que sustenta la antorcha de su sabiduría, y que colmó mis expectativas en la siguiente  paradoja: siendo él mismo fruto de una descendencia que creció como la generación de la imagen, es capaz de detener su propio paso, observar lo observado, como Foucault, destripar el lenguaje que conduce a direccionar la mirada, como la Gestalt , destapar la cara ciega de la comunicación y el mercantilismo de la moralidad, como Goffman, encamina el espejismo de la tecnología y el síndrome actual de la  erotomanía, se aparta de puntos fijos para hallar perspectivas gramáticas sensoriales en la “aldea global”, como Marshall Mc Luhan, para reencontrarse con su propio fantasma: Eidolon, donde el fallecido perdía su identidad y vagaba como una imagen consumida, como Ulises en la Odisea..

MIEDHO declara,…Estoy aquí para cuestionarlo absolutamente todo

Yo le contesto: Bienvenido al mundo de los muertos vivos por perezosos.