Apr 082013
 

Fabianni Belemuski

Antonio Mateos Muñoz

Antonio Mateos Muñoz

La poesía sigue gozando, actualmente, de una voz propia muy particular. Hay muchas razones para que demos la razón a los poetas, por decirlo así, por decir que, a estas alturas, en tiempos postmodernos líquidos según la famosa expresión del filósofo Zygmunt Bauman, alguien puede tener la razón. Pero la poesía sigue estando en lo cierto porque, lejos de ser reivindicativa, peleona, ideológica como las artes, la razón poética pretende todavía el retorno, nostálgico, a lo que nos hace humanos.

Es el carnaval, es la hora del sueño y los soñadores están enchufados, como bebés lactantes, al progreso, a la tecnología, a la persecución de otro sueño, sueño dentro del sueño, el de un futuro en que podamos decir, finalmente, que todo está bien.

La poesía de Antonio Mateos Muñoz indica que el tiempo presente, aquí y ahora, es el adecuado para el reconocimiento de nuestras propias vidas, que han empezado hace mucho y que se desenvuelven ahora, ahora cuando escribo estas líneas, ahora cuando leen este texto.

El poeta hace una reflexión con carácter de suplica, para que los que duermen despierten a la vida de los gestos simples, a la simpleza de la brizna del viento atravesando campos llenos de flores, pero también ciudades supertecnológicas.

Está consciente de que el poeta siempre será el profeta que habla en el desierto, pero eso no le impide que seguir escribiendo, criticando con la intención de que alguien, alguien más, vea lo mismo, sienta lo mismo, crea y actúe en consecuencia.

Negros crespones de ausencia

mausoleos de rojas cruces

Cristos que yacen de bruces

rotas y abiertas las venas.

 

Los Cristos que se vienen abajo son nuestros propios mitos y los mitos son los fundamentos y si los fundamentos se vienen abajo no nos queda más que el horror de contemplarnos desnudos en el espejo. La imagen y semejanza en la que nos instalamos, en la que nos trasladamos y en la que mutamos se nos revela vacía, desalmada y falta de solidez y de cimiento. Es la muerte en vida y este nihilismo predictivo es la sensación de que lo imparable, aquello que terminará por engullirnos, se puede negar con el gesto crítico, con la contemplación de las ruinas por las que vagamos en busca de lo que, por su propia naturaleza permanecerá oculto. No hay que buscar la esencia, hay que vivir el devenir como presencia pasajera.

La muerte ocupa también un espacio privilegiado en la obra poética de Antonio Mateos Muñoz y el miedo a la muerte, signo distintivo de los poetas que aman la vida, se diluye con la voz que lo maldice:

Muerte de cuervos oscuros

apártate de los hombres

aléjate hacia las sierras

 

!Maldito sea tu nombre!

una y mil veces lo sea

todo se estrella en tus muros. 

 

Qué siga viva a la poesía, porque de poesía estamos hechos y en la poesía volveremos.