Apr 082013
 

por Antonio MATEOS MUÑOZ, escritor

Espacio Niram

Espacio Niram

Hay distintas maneras de conocer una ciudad: por esas cartografías urbanas que, de antemano, le quitan encanto a cualquier descubrimiento; por el vagabundeo itinerante, muy propio de solitarios. Finalmente, por la descripción literaria de la ciudad en cuestión. Este último modo me parece el más sugestivo y, gracias a él, pude conocer Madrid antes de poner los pies en ella. Recuerdo un libro, Escenas Matritenses, de Ramón Mesonero Romanos, que me regaló una profesora de bachillerato que veía en mí un notable talento como lector en lo que, espero, no estuviera demasiado descaminada. Recuerdo, asimismo, aquel libro de Umbral, Trilogía de Madrid que, más que un descubrimiento de la ciudad, lo es de sus subterráneos. A Madrid he llegado para celebrar una entrevista con Fabianni Belemuski, crítico literario, que se ha interesado por mi libro La Escritura Ausente-habrá leído el prólogo de Artemis, lo mejor del libro-y pretende traducirlo al rumano. Hemos quedado en Espacio Niram, un lugar muy independiente, si juzgamos por el nombre de la calle. Belemuski, frente adelantada, pelado militar, aspecto de los primeros de la clase, es, además, amable y muy educado. Me introduce en ese espacio rojo, rojo por doquier que, inicialmente, me lleva a aquella novela de Delibes, Señora de rojo sobre fondo gris. También a aquella camisa roja, que yo portaba, allá por los ochenta, para que combinara con mi larga melena oscura. No sé si el destino de la camisa fue el mismo que el de la cabellera. Sobre ésta última, pienso escribir, al unísono con Jero, una elegía capital, una capital elegía que bien podría titularse Le Cimetière Chevelu, muy en consonancia con el libro de Valery. Encuentro en el lugar a una señorita de muy buen ver, también vestida de rojo, combinado con el negro -Stendhal partout-.

Hay presentación de libros. El primero, de María Barbancho, La Hoguera del Odio, una historia de amor centrada en pleno auge del nazismo. La autora, muy agudamente, hace observa que Hitler no es un fenómeno aislado y episódico, sino el resultado del caldo de cultivo en que había quedado Alemania después del humillante Tratado de Versalles. Keynes -“el hombre más inteligente que he conocido”, Russell dixit- advirtió en Las consecuencias económicas de la paz que Alemania no podía aceptar un tratado que doblegaba su indoblegable orgullo. El tiempo lo convirtió en arúspice.

El segundo Libro, Quevedo, Valle, Umbral está escrito por Diego Vadillo. Algo llama mi atención en el póster que lo anuncia: se ve a Quevedo presidiendo a Valle y Umbral, hecho que probablemente el último no hubiera aceptado gustosamente. En vida, como par, solo admitía a Cela. Muerto éste, ni eso siquiera. En cierto sentido, tenía razón: como lírico está muy por encima de los dos. No hay más que leer Mortal y Rosa, libro de pústulas, de sangre ebria, de pus supurante, Capitale de la Douleur, que escribió Éluard. No puedo quedarme a la presentación porque me espera Vio, como siempre, junto al oso y el madroño. Hay mucha mujer y mujeres muchas junto al oso -orientales, americanas, citadas y citantes- ¿Será por ese hueso tan especial que tiene el animal y que lo exonera de Viagra y sus especímenes? Llega Vio y Rachel, su morenaza amiga, curiosamente, también vestida de rojo. Mutis.