May 192010
 

- No caballero, no es una broma, esto es una obra de arte.

– Monsieur, a que llama usted arte? Su cuadro no son más que unos goterones mal dispuestos sobre un lienzo estropeado y un tubo de pintura blanca echado a perder.

– Caballero, el lienzo no está estropeado, está maquillado, el blanco de los lienzos es ligeramente amarillo con lo que considero que se trata de un solo color. Las damas se maquillan con una ligera mejora de su color natural, a efectos visuales, esa mejora es mucho mayor que a efectos prácticos.

– Desde luego.

– Yo he hecho lo mismo con mi obra, he mutado ligeramente el color natural del lienzo, que era más bien de color hueso que de un blanco tan brillante como es ahora. La mejora es visible a simple vista.

 

- Solo por haber aclarado el color del lienzo, quiere vendérmelo por tanto dinero? Cree que pintar un lienzo de un color cuesta la suma que me pide?

- No he aclarado el color del lienzo señor, este lienzo, que antes se encontraba desnudo, sin ningún color, ahora viste un frac, pues todos los colores del universo habitan su superficie, caballero, nunca va a ver usted, un cuadro con tantos colores.

- Y que me dice del motivo? Este lienzo no representa nada, solo veo el fondo de una obra fantasma.

- El cuadro representa lo que usted quiera. No seré yo quien obligue a su dueño a ver en él lo que yo quiera. Eso sería un acto despótico por mi parte.

- Pero maestro, los cuadros representan elementos de la realidad.

- La realidad no existe caballero, la realidad solo es una copia del paraíso, usted habla de una realidad que se está imaginando, quien sabe si yo y usted vemos las cosas de la misma manera? Quien dice que el color que usted llama verde, no sea para mí el que usted llama azul, quien dice que podemos usted y yo contemplar el mundo de la misma manera? Que veamos belleza en las mismas cosas o desprecio? No se ha parado a pensar que puede que lo que usted desprecie a mi me parezca lo más atractivo y tentador?

- Preferiría comprar un cuadro que copiara la realidad que todos vemos, me parece más difícil de hacer y mucho más bonito.

- Señor, yo no soy un fotógrafo, yo no quiero enseñarle la realidad palpable, esa ya la ha visto usted demasiadas veces con sólo abrir la ventana. Yo le he ofrecido una infinidad de colores para que pueda usted moldearlos a su gusto. Mi cuadro no representa la copia de la realidad física. Al decir verdad, los sentidos pueden traicionarle, tanto a usted como a mí, y no quisiera arriesgar su estima con una mentira. Mi cuadro representa la realidad real. La realidad perfecta, la belleza suprema, que solo podemos ver cuando la imaginamos. Mi belleza ideal, caballero, no es la misma que la suya, por supuesto. Pero la belleza absoluta está dentro de nosotros y es la misma para todos porque es la Belleza. Le he dado todos los colores que existen para que sienta cómo es, no figura nada de la realidad porque la belleza no tiene forma señor. La belleza es belleza en sí. Cada una de las formas que usted toma por agradables tienen en mayor o menor grado (según le parezcan más o menos bellas) un parecido con La Belleza que usted imagina. Yo he pintado, para que el poseedor de la obra pueda acercarse un poco más a esa Belleza con mayúsculas. El cuadro no solo encierra todos los colores que hay, sino que también encierra todas las formas posibles: Al ser una mezcla de los colores se ve blanco, y al ser una mezcla de las formas pierde la suya propia. Este cuadro no podía disgustar a nadie pues cada uno ve en él, el paradigma de lo bello.

Mi arte es mucho más realista que los cuadros que usted está buscando hoy, no copia las copias sensoriales de la Belleza, que no son tan bellas porque están sujetas a las formas y modeladas para que el ojo humano las pueda concebir. Sino que copia la Belleza en sí. La única belleza real, la que todos sabemos, pero ninguno podemos alcanzar con los sentidos. Cuando ellos copian una copia, yo copio la realidad. Tal vez los otros pintores tengan más técnica, pero yo soy un pintor mental, mi arte se encuentra en la explicación.

El pintor quería sublimarse, alejarse todo lo posible de su lado sensorial para acercarse a la divinidad. Creía en la capacidad de los hombre de poder acercarse a la realidad absoluta, pero decía que ninguno de ellos quería verla. Primero las drogas, manejaron su espiritualidad de manera introspectiva. Mirar hacia dentro era acercarse a la Belleza. Expresarlo, era acercar la Belleza a los demás. Dejó de comer más que para sobrevivir, lo que tenía relación con su cuerpo ya no le parecía interesante. Se dañaba con dagas y puñales para aprender que el dolor no existe más que en la cárcel que es un cuerpo sensible. A menudo se le veía desnudo en invierno superando la prueba del frío. Su amor, era absolutamente ideal. Una mujer casada a la que no conocía era la musa de cada una de sus obras. Ella era lo que más se parecía a la contemplación de la belleza pura, porque era lo que más le gustaba. Durante 10 años se negó a conocerla, imaginar su perfección era mejor que conocer los estragos producidos por la vida, cómo la fatiga o el enfado. Él sabía que ella era el paso más cercano a la experiencia de la belleza, si no estuviera viva, su espíritu sería tan bello cómo su cuerpo, ninguno de los accidentes del mundo sensorial podría mutar su belleza. Se encerró en su casa durante años, pasó meses con los ojos cerrados intentando soñar con la realidad. Un día de verano, bajo el abrasador sol de medio día, una bala salió de un revolver impulsada por el gatillo, hirviendo, sin haber recorrido más que 2 cm, en unas décimas de segundo atravesó la piel, las venas, el cráneo y todo el producto de su locura se disipó dejando inherte en el suelo un putrefacto cadáver lleno de sangre.