May 192010
 
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 En uno de los eventos cultural-artísticos que la revista Niram Art ha organizado el pasado viernes 7 de mayo de 2010, debatimos sobre la evolución de las artes a partir de las Vanguardias del principio del siglo pasado hasta la actualidad. Pasábamos por las etapas, empezando con Henri Matisse y su enorme influencia en artistas de talla mundial, como Modigliani, el cubismo español y francés, el futurismo italiano, el dadaísmo rumano y alemán, hasta llegar a Miquel Barceló, hijo pródigo y genio eminente de la realidad europea y preponderantemente, la española. En la mesa de diálogo asistíamos seis, formando dos bandos que defendían principios diferentes.

Por una parte estaban los que decían que el arte ha enseñado todo lo que tenía que dar y se ha estancado en sus esquemas, retomando posiciones clásicas, vanguardistas, etc. pero sin traer nada nuevo.

 

Por otra parte, el grupo encabezado por Héctor Martínez Sanz, que defendía un arte nuevo y espectacular, una nueva Vanguardia, que por serlo, es novedosa y sorprendente.

De ella, un capítulo importante lo representa la obra de Miquel Barceló, artista catalán y mundial, tan eminente como Picasso, al menos por ser el artista que más veces ha cambiado de estilo. Mí posición, como anfitrión y organizador de la tertulia, tenía que ser objetiva e imparcial, yo tenía que sopesar los argumentos de uno y otro grupo, pero de ese modo la victoria habría sido de los que formaban el equipo más numeroso, en este caso, el que defendía una Vanguardia original, dicho sea indulgentemente, encabezada por Miquel Barceló. No pude abstenerme, a pesar de que la ética de la profesión implica la objetividad por encima de todo. Tomé partido.

Uno de los argumentos que yo sostenía, era el de Lara Gala, historiadora del arte y articulista de varias revistas pertenecientes a esta rama. Lara, retomando con ejemplos la historia del arte a partir del inicio del siglo XX, mostraba demasiadas coincidencias y parecidos entre las obras de, por ejemplo, los dadaístas alemanes, como Hans Arp, o Sofie Taeuber y las “novedades” vanguardistas de algunas artistas contemporáneos. También mostraba ella sorprendentes parecidos entre el surrealismo de Dalí y las obras de algunos pintores de nuestros días. Pero lo más obvio era lo mucho que se parecía Miquel Barceló, en cuanto a técnica, a los expresionistas. Insistir aquí en los parecidos de M. Barceló con otros y argumentar sobre la técnica, la visión, etc.

Otro argumento a favor del estancamiento, es, llamémosla así, una línea de la desesperación, que fue alcanzada y sobrepasada y que ha dejado abiertas muchas puertas hacia todas las direcciones y al mismo tiempo hacia la nada.

La línea de la desesperación en el arte, tal como señalaba Francis Schaeffer, ha sido abierta por los impresionistas, que al principio se rebelaron en contra de los conceptos clásicos, siendo interesados del estudio de la luz, como su precursor inglés, Turner. Distinguimos aquí tres grandes genios de la pintura, que fueron los pilares del arte moderno: Van Gogh, Gauguin y Cezanne. Ellos quisieron expresar a través de sus obras, algo imperecedero, universal, algo que sobrepasase los límites de lo particular y que fuera válido para todo el mundo. Van Gogh, se suicidó al no encontrarlo. Pocos saben que Van Gogh quería fundar una nueva religión en la que los pintores fueran los abridores del camino, sus sacerdotes. A poco tiempo de fracasar, se suicidó. Es posible que su débil estado mental le empujara hacia el suicidio, pero el detonante fue una extraordinaria desilusión, el gao, en la lengua de los bosquimanos, la desolación, la insoportable desesperación.

Gauguin, contrariamente a lo que se pudiera pensar – que sí encontró en el primitivismo de Haití la inocencia que había perdido en la sociedad occidental, que encontró al hombre salvaje de Rousseau -, no halló ese elemento universal que tanto anhelaba, igual que su amigo y eternamente enemigo Van Gogh. En su último lienzo importante, intitulado “¿Qué? ¿De donde? ¿Hacia donde?, expuesto en el Museo de Arte de Boston, el artista expresa la conclusión final a la que había llegado. El artista pintó en la parte arriba derecha del cuadro el título, asegurándose de que todos entenderían su significado…

Al “leer” su cuadro de izquierda a derecha, como el artista indicaba que había que observarse el arte, la respuesta a la última pregunta es que el destino, siempre vencedor, rebela al artista vanamente. Y ese destino es la desesperación. Curiosamente, Gauguin también intentó suicidarse, aunque sin éxito.

Cezanne, a diferencia de Van Gogh y Gauguin, intento descubrir la Universalía, a través de formas geométricas. De lo que se sabe, no llegó nunca a atravesar la línea de la desesperación, pero alguien mucho más influyente se encargó seguir su visión geométrica. Ese fue Picasso. Picasso pintó al noble salvaje de Gauguin con las formas geométricas de Cezanne, desarrollando el Cubismo. Abstractizando cada vez más, Pablo Picasso iba siempre hacia lo universal, en su obra “Las mujeres de Avignon”, no se sabe si esas mujeres son rubias o morenas, delgadas en exceso o rellenas, tirando del hilo podríamos decir que esas mujeres son ¡todas las mujeres!

Picasso consigue el elemento universal tan buscado, pero al mismo tiempo falla en la comunicación con el observador, el espectador. El hombre moderno no tiene que esperar hasta la era del Internet para sentirse enajenado, alguien, fue Picasso, consiguió enseñar mucho antes, como una profecía, lo que había y sobre todo lo que habrá pasados cincuenta años. Pero Picasso se “salvó” por amor. ¿Cómo lo hizo? Llegando un día a explicar, “J´aime Eva”, en uno de sus cuadros.De este modo retoma la comunicación con el espectador, pero su modo abstracto, el salto en su concepción acerca del mundo, de lo universal, se limita a comunicar sin comunicar. Todo es todo y todo es nada.

Pero el vicio está en decir que, el arte tiene que ser novedoso a la fuerza, cuando en realidad ésta es una idea errónea. Porque, – y sirva solamente como un ejemplo escogido entre muchos otros – como indiscutiblemente se puede apreciar en la totalidad de la obra de Munch, uno de los motivos inspiradores fue el miedo a la muerte y a la soledad. El tema, constante en Edward Munch, pertenece intrínsecamente al arte y de modo general al mundo. El artista explicaba así su cuadro “El Grito”: “Iba caminando con dos amigos por el paseo – el sol se ponía – el cielo se volvió de pronto rojo – yo me paré – cansado me apoyé en una baranda – sobre la ciudad y el fiordo azul oscuro no veía sino sangre y lenguas de fuego – mis amigos continuaban su marcha y yo seguía detenido en el mismo lugar temblando de miedo – y sentía que un alarido infinito penetraba toda la naturaleza.”

El problema surge al intentar expresar artísticamente ese miedo, utilizando las mismas técnicas, las mismas visiones del pasado, el mismo estilo. Es de sobra sabido que la historia se repite como una rueda que gira, pero en los últimos cien años la rueda ha girado demasiado deprisa. ¿Cómo explicar pues, que en el transcurso del periodo se hayan dado: Pintura Metafísica, es decir, un Nuevo Realismo, Nuevo Clasicismo, “arte otro”, Informalismo – con raíces dadá, Supremarismo – con raíces cubistas? ¿En qué medida el arte se ha transformado profundamente, representándose de manera inédita, novedosa?

Contestar con ejemplos de tipo: Art Deco – , Pop Art – Andy Warhol, no vale, ya que estos movimientos, incluso en las descripciones que hacen sus mismos representantes, no son más que influencias, salpicadas con críticas al consumo y a la sociedad de masas.

Nos encontramos en una encrucijada, por tanto no hay que dar veredictos de momento. Pasados veinte años más, sabremos si los últimos años del siglo XX y los primeros del Tercer Milenio, fueron Vanguardia o una búsqueda desquiciada, en medio de tormentas tecnológicas e informativas, en medio de un terremoto mundial que sienta otras bases, muy distintas y por supuesto desconocidas, a la humanidad.