Feb 212010
 

Basta con que una mujer se entregue a la filosofía para que se  vuelva presuntuosa  y  agresiva  o reaccione  como  una advenediza.   Arrogante,  al   tiempo   que insegura, visiblemente asombrada, parece a todas luces no hallarse en su elemento.

¿Cómo es posible que el malestar de  tal situación inspira no se produzca jamás en presencia  de  María  Zambrano?  Me  he hecho esta pregunta con frecuencia y creo haber  hallado  la  respuesta: María  Zambrano no ha vendido su alma a la Idea, ha salvaguardado su  esencia única situando la experiencia  de  lo  insoluble  sobre la reflexión acerca de ello; ha  superado, en suma, la filosofía… Sólo es verdadero a sus  ojos  lo  que  precede  o  sucede  a  lo formulado,  el  verbo  que  se  zafa  de las trabas  de   la expresión o, como ella ha dicho magníficamente, la palabra liberada del lenguaje.

Feb 212010
 

Recientemente releía el dossier de la apasionante controversia en torno a Brancusi: ¿no dejo nunca de ser un campesino de los Cárpatos  aunque  hubiera  vivido   medio siglo en París, en el centro mismo de todas las innovaciones y  revoluciones artísticas modernas? O, por el contrario, como piensa por ejemplo el crítico americano Sidney Geist, ¿Brancusi se convirtió en lo que es gracias a las  influencias de la Escuela de París y al descubrimiento de las artes  exóticas, sobre todo de las esculturas y de las máscaras africanas?

Mientras leía el dossier,  miraba las fotografías reproducidas por Ionel Jianu en su monografía (Arted, París, 1963):  Brancusi en su estudio del callejón Ronsin, su cama, su estufa. Es difícil no reconocer el “estilo” de una habitación campesina y,  no  obstante,  hay  algo  más:  es  la  morada de  Brancusi,  es  el “mundo” que le pertenece, que se ha forjado él solo, con sus propias manos, se podría decir. No es la réplica de un modelo preexistente, “casa de campesino rumano” o “estudio de un artista parisino de vanguardia”.

Feb 212010
 

Fabianni BelemuskiEl artista, según los cánones de la belleza y de lo ideal, se encerró un día en su estudio para crear. Lo que hizo ahí, nunca salió a luz y el creador, en un final – y fatal – acto creador, destruyó todo lo que había creado. El paradigma del artista que, siguiendo los pasos de una locura que le maltrata, se esconde y huye: nadie le entenderá jamás, no hace falta intentarlo nunca. El artista, poeta, pintor, músico o actor es por su naturaleza excéntrico, si no es así, no es artista. Hay que “dar fe” de la condición de artista, clase humana desgraciada, perseguida e incomprendida, hay que ser, en definitiva, desgraciado, es decir, bohemio, genial. Si alguna vez hemos visto un creador que no correspondía a las características presentadas, créanme, no era artista.  Si alguna vez hemos conocido a un poeta que coqueteaba con la riqueza, que llevaba una vida normal, que estaba casado y vivía feliz, créanme, no era poeta.

 

 

Feb 202010
 

Liviu OrneaCualquiera puede decir si un objeto es plano o redondo, si una línea es recta o curva. Basta con un solo vistazo. ¿Pero y si no pudiéramos verlos? Probablemente los tocaríamos. Claro, cuando los objetos en cuestión son realmente muy grandes, tendríamos algunas dificultades, pero imaginaríamos fácilmente métodos para superarlas.

¿Pero y si los objetos a los que aludimos no se pueden ver o palpar? En otras palabras ¿si no nos  pudiéramos colocar fuera de los objetos para observarlos, si fuéramos parte de los objetos mismos cuya forma queremos comprender? ¿Cómo determinamos la forma de un objeto cuando los sentidos no nos pueden ayudar? ¿Cómo adivinamos la forma del universo?

 

Jun 032009
 

CAP. LXXV

QUE TRATA DE CÓMO DON QUIJOTE VENCIÓ A LA MUERTE  Y VIVIÓ EN LA RUMANÍA Y DE LAS EXTRAÑAS AVENTURAS QUE ALLÍ LE ACONTECIERON

 

Hallándome yo por las tierras castellanas vine a dar entre los cajones de un viejo mercadillo con unos fragmentos harto extraños que parecían hablar de un último capítulo de las hazañas de aquel caballero de la Triste Figura, que con su rocín y su escudero, cabalgó las tierras de La Mancha y aún más las catalanas como también, según contasen otros, por las justas de Zaragoza y hasta por los encierros de Pamplona. Y como viene siendo normal que sean las gentes árabes quienes sobre el Caballero Andante escriban y los otros los que prosiguen, fui derecho a averiguar la firma de los manuscritos, viendo, con gran sorpresa, que ni era aquel Cide Hamette ni aquel Alisolán del de Avellaneda, ni persona árabe ninguna, sino un tal Razvan Cruceanu, según deduje de la caligrafía que rubricaba el pie de cada legajo. Y cuenta éste que en la postrera hora del hidalgo, acostado en el lecho y junto al escribano, despedido de Sancho y su sobrina, puestos los asuntos de su hacienda en orden, y recibidas las unciones que al enfermo se dan a la salida de este mundo, una gran luz, de las que ciegan la mirada, relumbró por todo el aposento dejando, para cuando se apagó, el lecho y las sábanas sin huésped. Y prosigue diciendo que así todos vinieron a creer que el hidalgo que perteneciera a la nobilísima orden de los caballeros andantes había abandonado este mundo para una mejor vida a la diestra del Criador.