May 192010
 

La trayectoria de los escritores pertenecientes a la Europa del Este, su influencia, las obras y su trascendencia, se limitan, principalmente, a los ámbitos nacionales, sin llegar a traspasar las fronteras lingüísticas hacia Occidente, en una Europa unida económicamente. Este inconveniente, aparte de aislar a los escritores a sus países de origen y limitarles a un público reducido, priva a Occidente de una riqueza cultural inmensa e inexplorada. Lo mismo pasa con el arte. Pocas veces y debido a circunstancias excepcionales, autores como Stanislaw Lem, Emil Cioran, Orhan Pamuk, Salman Rushdie o Herta Müller han conseguido llegar a las librerías de España. Pero aparte de ellos, ¿cuántos escritores ucranianos, búlgaros o moldavos conoce el público occidental? Demasiado pocos. Afortunadamente, este no es el caso de Nicolae Brebán, consagrado novelista rumano de la generación del 60, autor de novelas como Franciska, traducida al ruso, o Don Juan, traducida al francés, ensayos, teatro y poesía. La abrumadora figura de Brebán ha conseguido marcar la vida cultural de Rumania, siendo en la actualidad uno de los escritores más significativos de ese país y miembro de la Academia desde el año 2009.

 

Mar 042010
 

A raíz de las celebraciones del aniversario de Mihai Eminescu inicié en Retrato Literario una serie de artículos sobre Eminescu y nuestra literatura española a través de Mihai Eminescu y su “Romancero español”. Con la intención de seguir celebrando el próximo aniversario y continuar acercándolo al público español, hoy escribiré acerca de la composición más celebrada del poeta nacional rumano, Luceaf?rul, y el eco que este motivo literario universal tiene en las letras hispanas en A una estrella de José de Espronceda y en A Margarita Debayle de Rubén Darío.

Mar 032010
 

Prólogo al libro PENTAGONO de Héctor Martínez Sanz, Niram Art Editorial, 2010


Héctor Martínez Sanz ofrece al lector español, con este libro-ensayo, un sorprendente viaje en el universo de cinco gigantes del espíritu universal. Ninguno de los cinco miembros de su Pentágono es desconocido para el público español: Constantin Brancusi – el padre de la escultura moderna-, Emil Cioran – el nihilista del siglo XX-, Eugène Ionesco – el maestro del “teatro absurdo”-, Tristán Tzara – el fundador del movimiento dadaísta-, Mircea Eliade – llamado “el Historiador de las Religiones”.

Feb 212010
 

En un sueño que relata en sus diarios, Mircea  Eliade (1907-1986) se ve volando en un ataúd que cruza Europa y  llega  finalmente a Bucarest. Su inconsciente, sus deseos, lo afincaban en su Dacia Félix, en su espacio original desde el que fecundó al mundo de las ideas. Sin embargo, el prestigio que adquirió como sabio y erudito de alcance universal frecuentemente nos hace soslayar la dimensión rumana de la que nacieron muchas de sus preocupaciones,  punto original desde el que también proyectó su búsqueda para desentrañar el simbolismo sagrado. Es desde su sensibilidad rumana que igualmente volcó su imaginación y su creatividad. En diciembre de 1944, anota en el Diario portugués: “abandoné el yoga y la filosofía por la cultura rumana y por mi literatura.”

Ineluctablemente vinculado en todos los planos -étnico, metafísico,  filosófico,  ético,  biológico, artístico,  erótico,  antropológico,  vital, estético, literario, folklórico, histórico, existencial, ontológico, axiológico e, incluso, onírico- a su condición de rumano trashumante, nunca renunció a su origen ni a sus afectos; su conciencia rumana palpita en el fondo de su supraconciencia humana. Sus  dos  matrimonios con rumanas -con Nina Mare? primero, y con Christinel Cottesco, después- le ayudaron a afianzar- se en su centro y a enriquecer su cosmovisión rumana.  La primera fue fundamental en sus relaciones con políticos e ideólogos nacionalistas en la agitada década de los  treinta; ella le confirió la necesaria estabilidad y seguridad que le permitió acometer su labor de escritor y estudioso, una vez pasado el vendaval pasional que vivió  en la India con Maitreyi. Con la segunda, y ya en el exilio, estableció un nexo metafísico íntimo gracias al cual  preservó viva su lengua y su escritura. Para Eliade, igual  que para Heidegger, la patria es la lengua, expresión simbólica del ser.

Feb 212010
 

Fue un verdadero placer para mi haber tenido la oportunidad de conocer a George Roca. Nosotros presentamos su obra “Evadare din spatiul virtual” en Espacio Niram Madrid (España) el sábado día 26. El libro está divido en siete partes y George Roca leyó un poema de cada durante el evento mientras Fabianni Belemuski los traducía en directo para el público español. La noche antes del acto, el Sr. Roca y yo pudimos intercambiar puntos de vista conversando muy agradablemente. Hablamos de muy diferentes asuntos como la dificultad que existe para aprender idiomas en países como España o la imposibilidad de traducir las palabras poéticas cuando el autor es el único que conoce el auténtico significado, el sentimiento real del poema. ¿Por qué hablamos de esto? Porque yo sabía entonces que hoy estaría escribiendo sobre él y sus poemas, y encontraría los dos problemas mencionados antes. La misma noche, hablamos sobre poesía también.

 

Feb 202010
 

Liviu OrneaCualquiera puede decir si un objeto es plano o redondo, si una línea es recta o curva. Basta con un solo vistazo. ¿Pero y si no pudiéramos verlos? Probablemente los tocaríamos. Claro, cuando los objetos en cuestión son realmente muy grandes, tendríamos algunas dificultades, pero imaginaríamos fácilmente métodos para superarlas.

¿Pero y si los objetos a los que aludimos no se pueden ver o palpar? En otras palabras ¿si no nos  pudiéramos colocar fuera de los objetos para observarlos, si fuéramos parte de los objetos mismos cuya forma queremos comprender? ¿Cómo determinamos la forma de un objeto cuando los sentidos no nos pueden ayudar? ¿Cómo adivinamos la forma del universo?

 

Jun 032009
 

CAP. LXXV

QUE TRATA DE CÓMO DON QUIJOTE VENCIÓ A LA MUERTE  Y VIVIÓ EN LA RUMANÍA Y DE LAS EXTRAÑAS AVENTURAS QUE ALLÍ LE ACONTECIERON

 

Hallándome yo por las tierras castellanas vine a dar entre los cajones de un viejo mercadillo con unos fragmentos harto extraños que parecían hablar de un último capítulo de las hazañas de aquel caballero de la Triste Figura, que con su rocín y su escudero, cabalgó las tierras de La Mancha y aún más las catalanas como también, según contasen otros, por las justas de Zaragoza y hasta por los encierros de Pamplona. Y como viene siendo normal que sean las gentes árabes quienes sobre el Caballero Andante escriban y los otros los que prosiguen, fui derecho a averiguar la firma de los manuscritos, viendo, con gran sorpresa, que ni era aquel Cide Hamette ni aquel Alisolán del de Avellaneda, ni persona árabe ninguna, sino un tal Razvan Cruceanu, según deduje de la caligrafía que rubricaba el pie de cada legajo. Y cuenta éste que en la postrera hora del hidalgo, acostado en el lecho y junto al escribano, despedido de Sancho y su sobrina, puestos los asuntos de su hacienda en orden, y recibidas las unciones que al enfermo se dan a la salida de este mundo, una gran luz, de las que ciegan la mirada, relumbró por todo el aposento dejando, para cuando se apagó, el lecho y las sábanas sin huésped. Y prosigue diciendo que así todos vinieron a creer que el hidalgo que perteneciera a la nobilísima orden de los caballeros andantes había abandonado este mundo para una mejor vida a la diestra del Criador.