Feb 012012
 

Rami Meiripor Diego Vadillo López

El progreso humano en el correr de los siglos ha ido actuando sobre la epidermis planetaria. Las masas de cemento y hormigón han ido paulatinamente poblando incluso los terrenos “a priori” menos barajables como adecuados para la edificabilidad.

Así las cosas, los nacidos en territorio urbano, hemos crecido transitando calles y avenidas muchas de cuyas paredes se mostraban grafiteadas con más o menos fortuna. Cuando el resultado era feliz, la calle, a su vez, era elevada a la categoría de pinacoteca o galería pictórica; cuando no, no sólo quedaba malograda la obra, también la propia vía pública resultaba condenada a ofrecer su faz más desapacible, perdido el buen gusto por entre el indecoroso e intrincado garabateo.