Jan 062012
 
blind

por Juan M. Toledano Cerrato

¡Su tabaco, gracias¡

Me gusta su voz.

Echo una moneda, acerco una oreja, la izquierda o la derecha, según, y escucho su voz. Estos son los momentos más dulces de mis días.

Desde que empecé a perder visión, ha aumentado mi sensibilidad a los sonidos, y es así como pese al timbre metálico que me llega de la máquina sé apreciar la belleza de su voz, tan llena de matices y cortesía.

Ahora ya compro ocho paquetes diarios; se los regalo a los mendigos. Se me acumulan diecisiete y hago con ellos una pira en la terraza. Aprovecho para quemar mis viejas cartas de amor.

 

Soy el hombre perseverante que ha decidido conocerla. Para ello muevo los contactos más adecuados a mi propósito: Tabacalera, Recreativos Franco y Tomás, un sargento de la Guardia Civil que está destinado en la Brigada Antivicio.

Por fin consigo su dirección. Urbanización “El Retiro” de Alcorcón, Bloque H, 4º D. Pensando en nuestro próximo encuentro, considero que hubiese sido más bonito que viviese en la calle Gloria Fuertes.

Subo al cuarto y llamo al timbre. No me lo puedo creer: está en casa.

Me siento muy apuesto con el uniforme de inspector de Gas Natural y la credencial convenientemente falsificada y plastificada.

– Venía por lo del Gas

– Adelante.

No le reconozco la voz. Debe estar constipada. Le digo ¡Su Strepsils, gracias¡ y muevo los deditos como diciendo…. ¿Lo pillas?

Como venía por lo del Gas, me abre una portezuela a ras del suelo y descubro un laberinto de tubos que traen a mi memoria esas láminas de anatomía en las que aparecen el intestino grueso y el delgado. Pienso que la formación profesional está infravalorada.

En la genuflexión propia de mis tareas le confieso mis sentimientos y mis propósitos.

¡Qué mujer¡ Resulta difícil imaginar una conjunción tal de fuerza corporal, sabiduría anatómica y botas con puntas de acero, como las que emplea para empotrar su puntera en mi rabadilla.

Aún con la cabeza enredada en el intestino grueso le digo que son lágrimas de amor.

Después de decir ¡degenerado¡ me coge en vilo, abre la puerta y me arroja al descansillo cual si yo fuese una bolsa de ganchitos.

¡Qué mujer¡ Realmente, no la imaginaba tan fornida.

Miro la puerta. ¿Era 4º B o 4º D?

Bajo al portal y me fijo en los buzones:

4º B

Ramón Ustáriz
Bombero